Pequeño ensayo sobre un rostro viejo

Siempre he pensado que cuando las personas se hacen muy mayores sus rostros llegan a parecerse bastante a los de las tortugas. La piel que envuelve un cráneo, cuyos huesos embeben por la edad, necesita dirigirse hacia alguna parte y acaba resbalando por las cuencas de los ojos. Unos ojos que, pese al lastre, siguen teniendo fuerzas para pestañear. Y es que la naturaleza se organiza. Cuando los párpados inferiores se descuelgan, el aire puede entrar sin obstáculos y aliviar una mirada desgastada por años y años de descubrimientos no... Read The Rest →