Narración “El Abrazo del Sol”

Un día el Sol vio por primera vez a la Tierra. Bonita, tierna, redonda, lejana… y sintió unas enormes ganas de abrazarla.

Cuando el Sol envió su abrazo a la Tierra, sus rayos brillaron de felicidad.

Algunos rayos rebotaron y salieron despedidos hacia el espacio, pero otros consiguieron alcanzar la Tierra. Y la Tierra se sintió feliz porque por fin llegaba hasta ella el calor necesario para la vida.

Unos rayos de sol ofrecieron calor para que los árboles crecieran, otros para que las flores se abrieran, otros para que las personas y los animales tuviéramos frutos que comer… La luz del sol lo llenó todo de alegría.

(“EL OSCURO ENEMIGO”)

Sin embargo, algunos de los rayos no encontraron qué o a quién calentar, porque todo estaba ya repleto de luz y calor. Se pusieron tristes y empezaron a echar de menos a su padre el Sol. Así que decidieron volver a su hogar.

Pero en su viaje de regreso se encontraron con un oscuro enemigo.

Miles de nubes negras habían llegado flotando por el aire y atraparon a los rayos que querían volver a casa.

Las nubes negras provenían de todos lados: de los coches, de las fábricas, de las casas que llenaban los cinco continentes…

Los rayos de sol luchaban por marcharse, pero las nubes negras los superaban en número.

¡Árboles, árboles!, gritaron los rayos, ¡Ayudadnos!

Los árboles, que tienen el poder de disolver las nubes negras, acudieron en su ayuda y lucharon con valentía.

Pero las nubes negras eran demasiado grandes porque los hombres cortamos cada vez más árboles para construir casas y muebles y cosas de papel.

(“LA TIERRA NECESITA MÁS AMIGOS”)

Los rayos, cansados de luchar, renunciaron a regresar con su padre el Sol y las nubes negras se encargaron de mantenerlos alrededor de la Tierra.

Sin nada que hacer, a aquellos rayos de sol solo les quedaba calentar la Tierra. Y nuestra Tierra empezó a ponerse roja. Muy roja. Uf, qué calor, ¿no tenéis calor? La temperatura de la Tierra no dejaba de subir.

Entonces, las regiones heladas donde viven los osos polares y

los pingüinos empezaron a derretirse, ¡y estos comenzaron a perder sus casas!

Y como cada vez hay más nubes negras que impiden a los rayos abandonar la Tierra, estos también calientan el agua y el agua se va evaporando (posibilidad de refuerzo con ruidito). Y los árboles y los campos que necesitan agua no pueden crecer ni dar frutos.

(“UN FINAL FELIZ”)

Pero todavía podemos vencer a las nubes negras y darles a los rayos de sol algo que hacer para que no se pongan tristes.

Los rayos de sol pueden darnos calor a través de las placas solares que instalamos en nuestras casas. Y nosotros podemos plantar más árboles. Y podemos ayudar a que dejen de cortarlos.

¡Unámonos a la pandilla de amigos de la Tierra que luchan contra las nubes negras! ¿Queréis ser amigos de la Tierra? (Oiríamos “Siiii”)

Ahora vamos a ver cómo podemos ser amigos de la Tierra desde nuestras casas…

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