Niñerías 3: Deberes

–Mamá, por favor, no me digas que hoy tengo que hacer deberes. Los odio.

–Ya, mi amor, pero a ti te gusta aprender, ¿no?

–Sí.

–Pues tienes que hacer deberes.

–Pero, ¡¿por qué?!

–Porque cuando practicas los conceptos, los conceptos se quedan contigo. Los aprendes.

–¿Y qué son los conceptos?

–Los conceptos son las ideas que se forman en la cabeza.

–Pues entonces es mejor que no haga deberes, mami, porque a mí, a veces, me duele la cabeza porque se me queda atrapada dentro una cosa todo el tiempo. Me pasa con las sumas. ¡Es horrible! Se me quedan aquí –aclara señalando la sien– y no puedo parar de sumar.

–No te preocupes, hoy vamos a hacer Lengua.

–¡Odio la Lengua!

–Hija, pareces Pitufo gruñón.

–¡Odio a Pitufo gruñón!

–Mira, hacemos una cosa: nos sentamos las dos así cerquita, tú haces tus deberes y yo los míos. Los hacemos las dos a la vez.

–¿No puedo ver un poquito de dibujos? Solo un poquito. Cinco minutos, te lo prometo.

–Claro, hija. Te dejo ver hasta cuarenta minutos de dibujos. En cuanto termines esta tontería.

–¡Mamá! –grita la niña ya con lágrimas en los ojos.

–Fíjate: el ejercicio es muy corto. Solo tienes que leer el párrafo y escribir tres líneas de cómo continúa la historia. Yo tengo que leerme estos tres folios que he escrito.

–Tú solo lees, yo tengo que hacer deberes. ¡Odio lo deberes! ¡Los odio a muerte!

–Pero si tú esto te lo haces en un pispás… Además, a ti te encantan las historias.

–A mí me gusta que me las cuentes tú. Y tú ya sabes leer y escribir todo bien. Yo no. Yo tengo que hacerlo en deberes. ¡Es injusto!

–¿Y qué culpa tengo yo, hija? Yo ya he ido al colegio. Yo ya he pasado por donde estás tú.

–Entonces, ¿por qué no me quitas hoy los deberes?

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